viernes, 26 de febrero de 2010

El cine español aprende a competir en taquilla

El pasado año resultó mucho mejor de lo esperado en cuanto a taquilla para el cine español. En verano de 2009 nada hacía aventurar que la campaña acabaría siendo una de las mejores en cuanto a recaudación para la historia de nuestro maltrecho cine patrio; y es que la cuota de pantalla había sido del 9,9% durante el primer semestre del año. Esto no hacía sino consolidar una caída libre que había comenzado en 2005 (año en el que sólo el 21,3% de las películas vistas en nuestras salas eran españolas), y había empeorado en 2006 (18,8% de cuota de pantalla), 2007 (15,8%) y 2008 (13,1%). Por tanto, ese 9,9% registrado el pasado mes de julio hacía temblar a más de uno.


Pinta mal la cosa ¿no? Pues, si la analizamos más a fondo, pinta peor: y es que en 2008 las películas españolas recaudaron en taquilla 81 millones de euros, pero recibieron subvenciones del Fondo de Protección a la Cinematografía por valor de ¡85 millones de euros! El dato es demoledor, en 2008 nuestra industria cinematográfica comió de lo que le pagaba el Estado, algo inimaginable en cualquier otro sector productivo. Aquí tengo que citar ineludiblemente a mi amigo Antonio, que constantemente me recuerda que la mayoría de los cineastas españoles viven de la sopa boba. Su argumento es inapelable: "si yo abro una zapatería y no vendo zapatos, la cierro porque el negocio no es rentable, y asumo las consecuencias de mi mala inversión o incompetencia para gestionar el negocio. Pero si en España haces una película que naufraga en taquilla, ¡no pasa nada! Pides una subvención al Gobierno y haces otra". Y así tenemos grandes directores que a Garci y cuatro más les deben encantar, pero que al público (el que paga) está visto que no; pero a pesar de contar sus estrenos por discretos (o fracasos) siguen en el negocio. Oiga, así también hago yo cine.

Volvamos a verano de 2009, ¿qué fenómeno se produjo a partir del mes de octubre para darle la vuelta a la tortilla? Pues fenómenos con nombre y apellido: Rec 2, Celda 211, Spanish Movie, Planet 51, Ágora y El secreto de sus ojos. Seis números 1 de taquilla, algo impensable para el cine español, que cuando ha registrado una buena taquilla anual suele ser arrastrada por una o dos películas (los casos de Torrente 2 y Los Otros son de referencia). Estas películas han tenido tal respuesta de público que permitieron cerrar 2009 con una recaudación estimada de 104 millones de euros (aún no se conocen datos oficiales), a lo que se deberá sumar lo que recauden en salas de otros países. Y el tirón de estas producciones continúa siendo el principal sustento de la taquillas española durante los primeros meses de 2010. ¿Notáis cuál es el parecido entre todas ellas? La calidad es más bien dispar, y el público al que se dirigen también. La respuesta es que TODAS son películas de género: terror, thriller carcelario, comedia que copia descaradamente a las spoof movie yankis, animación digital, un péplum en toda regla y un thriller noir de investigación.

Nada de triángulos amorosos, de tórridos romances, de complicadas tragedias, de comedias castizas... nada de eso. Cine de género con la estructura y referencias heredadas del cine USA, el cine que va a ver la gente, al que está acostumbrado el público (sí, porque nuestro público conoce y disfruta más los patrones del cine USA que los del cine español, basta con ver la taquilla). Los productores de estas películas lo sabían, y los directores (en su mayoría jóvenes que han bebido más del cine de Spielberg, los Farrelly o Pixar que de Garci, Trueba y Bigas Luna) también, y han ofrecido descaradamente y sin tapujos lo que el público demandaba. Acompañado, eso sí, por una producción y una inversión a la altura de lo que nos suele proponer Hollywood, porque si no, no cuela. ¿Alguien cree que Ágora tiene peor puesta en escena que los últimos péplum procedentes de Hollywood? ¿O nota alguna diferencia entre la animación de Planet 51 y la de una peli de Dreamworks? Son películas realizadas por equipos eminentemente españoles, pero con un continente y un contenido más del gusto del público global, lo que permitirá que continúen su carrera comercial fuera de nuestras fronteras.

La duda que nos queda es, ¿es esta tendencia positiva? Yo creo que sí. Muchos afirmarán que esto es abrazar la globalización, perder la seña de identidad de nuestro cine. Yo creo que al público hay que entretenerle, ofrecerle lo que quiere, y después le podremos deslizar sutilmente nuestro mensaje, nuestro estilo o nuestra seña de identidad.

Lo que está claro es que el cine español no podía seguir por donde iba; así que, bienvenido este cine español de género, este cine comercial, de valores de producción elevados y grandes inversiones. Primero ganémonos al público, que esto es una industria, y luego preocupémonos de nuestras señas de identidad

Safe Creative #1002265632728

lunes, 1 de febrero de 2010

Temporada final de Perdidos: el hito de la TV moderna llega a su conclusión

Hoy se estrena en USA la temporada final de Perdidos (Lost), el broche final de una serie que ha revolucionado los parámetros de la ficción televisiva; una producción que, guste o no, ha supuesto un hito como pocos en la historia del medio.


¿Es Lost tan buena como dicen? Sin duda lo es, porque más allá de su adictiva trama y de su impecable uso del cliffhanger (ese final de capítulo abrupto que nos deja impacientes por ver el siguiente), más allá de sus poderosos personajes, la creación de J.J. Abrams y Damon Lindelof logra reescribir a lo largo de sus cinco años en antena las reglas del juego, la manera en que se debe hacer televisión.

Y es que Perdidos ha roto con muchas de las leyes no escritas del medio: los arcos argumentales no duran un capítulo, como es habitual en la ficción televisiva, ni siquiera una temporada, sino que se han mantenido a lo largo de seis años; adiós también a la continuidad temporal, con constantes saltos en el relato que hace un uso masivo del flashback y el flashforward; y adiós a la tiranía del estudio, que dictaba que una producción debía alargarse si era rentable: en Lost el desarrollo y el final de la serie han estado planeados al milímetro desde el principio, y durante los últimos cinco años hemos asistido a cómo la trama se hilvanaba poco a poco, como piezas de un puzzle que van cayendo y encajando, formando un cuadro que paulatinamente vamos comprendiendo mejor a medida que tenemos nuevas piezas que colocar en el tablero.

A ello debe sumarse el tan comentado uso de Internet como elemento de difusión de la serie y potente herramienta de comunicación entre sus creadores y los fans de la misma. Fans que han sabido organizarse a través de la Red para presionar y mantenerla en antena incluso cuando las audiencias eran pobres; algo que sucedió principalmente en los comienzos de la primera temporada, cuando la cadena ABC decidió echar al productor después de gastarse 13 millones de dólares en el aparatoso episodio piloto, sin que se supiera muy bien a dónde iba a parar todo aquello.

Ciertamente, Perdidos introduce muchos elementos novedosos en la ficción televisiva, pero personalmente creo que lo más importante de esta serie es que presupone que sus espectadores son gente inteligente. Perdidos rompe con la gran regla no escrita de la televisión, que dicta que al espectador se le debe dar un producto ligero que asimile con facilidad, y plantea una historia y un desarrollo que suponen todo un reto para su público. Abrams y Damon nos dicen "el camino va a ser largo y difícil, a menudo os sentiréis perdidos, pero os prometemos que llevaremos esto a buen puerto y que os lo pasaréis bien durante el trayecto, pero tenéis que poner de vuestra parte".

Personalmente, esta es la televisión que llevaba esperando toda mi vida, la que me trate como una persona inteligente; la que, al igual que un buen libro, me rete a pensar y reflexionar, a intentar anticiparme al autor; la que me deje clavado en el sofá asimilando lo que he visto. Esa es la propuesta de Perdidos, la propuesta de otra televisión que está ahí: la propuesta de Urgencias, de The Wire, de House, de Los Sopranos, de Entourage y de Battlestar Galactica, de Dexter y de Mad Men. Otra televisión de la que Perdidos es su exponente más popular, pero (¡gracias a dios!) no el único.

Os dejo con esta fantástica infografía, titulada "Una isla perdida en el tiempo", realizada por el diario Público para su reportaje con motivo de esta sexta temporada.




martes, 26 de enero de 2010

Mujeres y madres

Me he acordado de una conversación que tuve hace algún tiempo con varias compañeras. Hablaban de cómo se definirían como personas, qué es lo que más definía su identidad. Obviando nombres, una le comentaba a otra: "pero di la verdad, desde que tienes niños tú ante todo te sientes madre", a lo que la aludida respondía "No, ante todo no. Soy madre, pero también muchas otras cosas". Eso me hizo pensar en cuántos hombres se definirían como "padres ante todo"; muy pocos creo yo.

Y en un primer momento la respuesta me chocó, porque existe una cierta conciencia cultural de que la maternidad es la función más sagrada que puede desarrollar una mujer, así que no me esperaba esa negativa tan rotunda a una máxima implícita, a un acuerdo consuetudinario que no se suele verbalizar pero que está ahí. Y tras reflexionar un poco sobre ello, te das cuenta de que la maternidad ha sido una poderosa herramienta machista, si no la principal, para frenar el desarrollo de la mujer. Cuando llegaba un niño al mundo se daba por sentado que su educación era la responsabilidad principal de las madres, y en base a este argumento la mujer debía abandonar su carrera profesional,cualquier aspiración personal, retirarse de la vida social activa y consagrarse al cuidado de la descendencia y de su casa. En la mayoría de los casos de buen grado, sin darse cuenta en ese momento del sacrificio que se les pedía, imbuidas de ese concepto trasmitido generación tras generación de lo que debía ser la maternidad.

Sabemos que hoy no es así (al menos no en todos los casos) pero, principalmente, porque si los dos miembros de la pareja no trabajan una familia no se puede mantener. Era un debate que, por una razón u otra, creía superado. Pero cuando escuchas a mujeres progresistas decir que ante todo son madres... Quiero decir, yo también pienso que ser padre es la mayor responsabilidad que puede asumir un ser humano, al menos durante el período de tu vida en la que tus hijos dependen de ti, pero una definición reduccionista de ese tipo es una trampa usada a lo largo de la historia contra la mujer, una trampa que daba a entender que la que no lo sacrificaba todo por su familia era una mala mujer, una trampa que aún hoy sigue funcionando.

En esta sociedad utilitarista, en la que insistimos en pensar que una persona vale lo que vale su trabajo, continuamos pensando que una mujer debe sentirse, o aspirar a ser, madre por encima de todas las cosas. Yo, por mi parte, no pienso juzgar a la que no quiera sacrificar su carrera profesional y/o su vida personal por ser madre; o a la que, siendo madre, se sienta al mismo nivel pareja, amante, trabajadora o cualquier cosa de la que se sienta orgullosa o le guste. Y también respetaré a la que quiera ser madre por encima de todas las cosas, pero porque ella lo quiera así, no porque nadie lo dé por sentado.

Safe Creative #1001265386112

sábado, 9 de enero de 2010

Desasosiego post navideño

A mí los Reyes me suelen dejar, como propina a los regalos, un cierto desasosiego, una especie de mini crisis de ansiedad. Por una parte, porque vuelves a la rutina diaria, y ya sabemos que la rutina es como tu otra pareja: hay gente que se lleva muy bien con ella, hay gente que la sobrelleva y gente que la detesta. Por otra parte, porque la noche de Reyes suele dejarme una gran cantidad de lectura (en forma de cómics y novelas) y de videojuegos, regalos que requerirán una importante inversión en tiempo para ser disfrutados. Y el tiempo, cuanto mayor eres, más caro está.

¡Ojo! señores Reyes Magos, que no me estoy quejando, qué le vamos a hacer si mis aficiones requieren su buena dosis de tiempo diaria. Pero el caso es que ahora empieza una carrera por sacar ratitos de aquí y allá para leerme la novela gráfica de Batman escrita por Neil Gaiman, para leer el tercer volumen de Canción de Hielo y Fuego, para jugar al Dragon Age de la XBox... En definitiva, menos mal que me he quedado en paro, ¿no?

miércoles, 30 de diciembre de 2009

Avatar y la decadencia de la Ciencia Ficción

Como llego tarde para reseñar Avatar (otros ya se me han adelantado), aprovecho la crítica de lo último de James Cameron para hacer una breve reflexión sobre la situación en que se encuentra la ciencia ficción, uno de mis géneros literarios-cinematográficos preferidos. Y es que desde hace años vengo quejándome del progresivo declive de este género en el cine, ¿la razón? Pues yo se lo achaco a la llegada de los efectos especiales digitales. Lo que podría haber sido una poderosa herramienta para revolucionar el género se ha convertido en un auténtico lastre; pocos son los directores que saben utilizar la tecnología digital con mesura, utilizando los FXs en la dosis justa y en los momentos donde aportan algo a la narración. Desde que Spielberg abrió la veda con Parque Jurásico (1993), más y más directores han dejado el grueso de sus producciones en manos de los laboratorios de efectos especiales, embelesados por la belleza de esos planos generados con ceros y unos, e ignorando el verdadero corazón de toda buena película (sea cual sea su género): el guión.


Hace más de 15 años que esta tecnología irrumpió en la industria, y desde entonces han sido pocas las películas del género que han sabido utilizar las CGIs (computer generated imagery) con inteligencia. A priori se me ocurren muy pocas: Minority Report, Matrix, últimamente la revisión de Star Trek… La mayoría de las grandes producciones han quedado aplastadas por un claro predominio del componente tecnológico sobre el cinematográfico, y Avatar me parece el último y máximo exponente de este virus.

Tras visionar el megalómano proyecto de Cameron, la película más cara y con una producción más larga de la historia, no puedo decir que me viera decepcionado, por el mero hecho de que me veía venir algo así. Cameron, como tantos otros directores del género (y sí, me refiero a George Lucas) cae víctima de su tecnofilia y vuelca todos sus esfuerzos en ofrecernos un espectáculo visual sin parangón, pero se olvida de contarnos una historia que merezca la pena. Avatar es un aparatoso juguete que difícilmente pasará desapercibido en la tienda, pero que una vez te lo llevas a casa te aburres a los pocos minutos de jugar con él. En seguida te das cuenta de que está vacío, sin corazón: un argumento que concatena cliché tras cliché, personajes planos que se comportan justo como esperamos de ellos, mínimo riesgo en su discurso, en su mensaje, ningún esfuerzo por hacer pensar al espectador, carente de contenido, todo confiado a que la espectacularidad del continente nos deslumbre y no nos permita ver que, tras toda la parafernalia, no hay nada.

Para mí sigue siendo un misterio cómo en estas megaproducciones no se cuida lo más barato de las mismas: la historia, el relato, el guión. Creo que la SciFi (como la llaman los anglosajones) agoniza, y la razón es que la nueva tecnología digital permite al director mostrarlo todo, no hay límites, no hay cortapisas técnicas ni de presupuesto, por lo que todo se fía al espectáculo. Ya no existe la necesidad de soslayar, de dar a entender, de crear tensión psicológica con lo que está fuera de campo… todo eso desaparece de un plumazo, y lo que antes era erotismo narrativo se convierte en pornografía visual. No más Alien el Octavo Pasajero, con ese polizón alienígena que apenas se vislumbra durante segundos en el metraje de la película, no más Blade Runner, con planos oscuros y lluviosos y una historia de cine negro para esconder la falta de presupuesto, no más Star Wars, con su maravillosa mitología y trasfondo argumental, con sus efectos especiales de serie B sublimados por el ingenio y la pasión de un director sin recursos… Ahora en la ciencia ficción todo será Independence Day, Terminator 4 y Avatar.

Battlestar Galactica 2003: Una nueva esperanza

Tampoco quiero ser apocalíptico, antes he mencionado Matrix y Minority Report, y supongo que habrá más directores amantes del género que sabrán subvertir esta situación. De cualquier modo, la decadencia de los guiones de Hollywood es una realidad desde hace años, y en todos los géneros, no sólo en la ciencia ficción. ¿Dónde refugiarnos? Donde venimos haciéndolo en los últimos años: en la TV. Y es que la mejor historia de ciencia ficción de la última década es una serie y se llama Battlestar Galactica, remake de la emitida en nuestros televisores durante los 80.


Con nada que ver con la serie original, salvo el planteamiento inicial y el nombre de los enemigos, Galactica 2003 (o “Galáctica Reimaginada”, como la llaman por Internet) es un canto de amor y una celebración del género: una historia elaborada, cuidada al detalle, sólida en su planteamiento, absolutamente atópica en su desarrollo, con unos personajes carismáticos y contradictorios, que escapan a cualquier encasillamiento y que habitan en un mundo de incertidumbres y decisiones difíciles, donde nada está claro, donde lo correcto e incorrecto se funden en una compleja escala de grises, donde la convivencia entre la religión, la política y el poder militar en un estado de excepción es abordada con una complejidad que pasma. Todo eso nos ofrece Galactica. Acompañar a la flota colonial en su viaje al exilio, trasladando a los últimos 4.000 supervivientes de la raza humana con la única protección de la ‘estrella de combate’ Galactica, bajo el mando del almirante Bill Adama y de la presidenta Laura Roslin. Ese viaje sí que es toda una experiencia donde los efectos especiales son lo de menos.

jueves, 3 de diciembre de 2009

Internet, la Cultura y el Gobierno

En estos mismos momentos se reúnen en Madrid la ministra de Cultura, Ángeles González-Sinde, y un grupo de lo que ha dado en llamar "destacados internautas", que en la práctica son blogueros, algunos periodistas de medios digitales y directores-fundadores de páginas web de cierta relevancia. El origen de la variopinta reunión se encuentra en la polémica Comisión de Propiedad Intelectual que el Gobierno proyecta crear (como parte de la Ley de Economía Sostenible) y que ha despertado las iras de buena parte de la Comunidad internauta, hasta el punto de que esta semana se ha hecho público un muy crítico manifiesto "En defensa de los derechos fundamentales en Internet", que ha corrido como la pólvora por blogs y foros.

El centro de la polémica es que la Comisión de Propiedad Intelectual tendrá potestad, entre otras cosas, para bloquear aquellas páginas web que faciliten la descarga (vía enlace o alojamiento en su propio servidor) de contenidos culturales como cine, series, música, videojuegos o cómics en formato .cbr, y todo ello sin que medie orden judicial alguna. Una especie de "policía cultural" en la red pero sin la protección del habeas corpus. Ejecutamos y luego ya se verá.

No sé qué os parecerá a vosotros, pero a mí esto me parece una aberración. Comprendo el cabreo de los creadores culturales, que ven cómo su trabajo se difunde y disfruta sin que ellos reciban nada a cambio; pero el cierre de páginas webs por el mero hecho de que enlacen contenidos, sin pararse a analizar si hay un fin lucrativo detrás, me parece directamente coartar la libertad de expresión. Si la Comisión actúa a rajatabla, en unos meses nos quedamos sin blogosfera, sin foros, sin redes sociales... e Internet se limitaría a páginas corporativas.

La industria cultural observa cómo jamás en la historia había existido semejante intercambio de productos culturales, y piensa que, debidamente regulado, obtendría beneficio del 100% de este flujo. Ese plantemaiento es falso, por el mero hecho de que si los usuarios debieran pagar por ese intercambio de información las descargas se verían reducidas drásticamente. De igual modo que es un error pensar que el que descarga contenidos gratuitamente de Internet, o ve las cosas en straming, es un consumidor que jamás pagará por un producto cultural.

En mi caso compro muchas series, películas, cómics, libros, videojuegos, voy al cine casi semanalmente... y, lo que no puedo permitirme, me lo descargo de Internet. Contenidos que, si fueran de pago, directamente prescindiría de ellos. Del mismo modo, estoy seguro de que los consumidores medios compran la misma cantidad de CDs y DVDs y van al cine tantas veces como irían si no tuvieran acceso a los contenidos en Internet.

Ojo, no digo que la reclamación de la industria cultural no tenga fundamento, todo creador tiene derecho a ser retribuido por su trabajo. Sólo creo que hay un error de enfoque en el planteamiento, que no me creo que estén perdiendo cantidades ingentes de dinero por culpa de Internet, más bien les duele perder la oportunidad de negocio que creen tener entre manos.

De cualquier modo, resulta curioso ver la evolución de este conflicto: hasta ahora sólo había existido el lobby de la industria, por el hecho de que "los internautas" en general son un colectivo difuso sin organización. Pero gracias a herramientas como Twitter se está consiguiendo aglutinar a cientos de miles de usuarios, al mismo tiempo que surgen voces relevante que pretenden representar al colectivo. Veamos en qué acaba esto.

jueves, 5 de noviembre de 2009

Un año de Obama

En periodismo se dice que las efemérides y aniversarios no son noticia, pero es cierto que tienen su utilidad como estaciones en las que pararse, mirar atrás y hacer balance. Así que informativamente quizás no tengan validez, pero analíticamente sí, y el análisis también es periodismo, aunque a algunos se les olvide devorados por la urgencia del día a día.

De cualquier modo, esto no va de hacer periodismo ni de análisis político porque, para ser justos, ¿qué ha podido hacer Barack Obama en un año desde su elección (nueve meses desde que tomó el poder)? Algunos dirán que mucho, yo creo que prácticamente nada.


Cualquier puesto de trabajo mínimamente cualificado requiere un periodo de adaptación, una larga etapa de aprendizaje hasta que dominas a fondo los entresijos del día a día, y aun así habrá situaciones excepcionales que no sabrás como afrontar hasta que te las encuentres de bruces. Imaginaos lo que debe ser presidir un gobierno como el de los USA, sin que nadie te diga dónde se guarda el lapicero, o donde no existe cotidianeidad a la que acostumbrarte.

En realidad, Obama es víctima de las expectativas, el jurado más cruel que existe, máxime cuando son expectativas desbordadas. ¿Pero es culpa suya o de un electorado que lo ha elevado a cotas mesiánicas? Algunos diréis que él y su equipo han alimentado esa imagen. Claro que esa es la obligación de cualquier político que quiere ganar unas elecciones. Ese es el juego democrático.

Siempre he trazado una línea entre los políticos que son buenos candidatos y los que son buenos gestores. Nos podemos encontrar a tipos grises, con poco gancho electoral, que sin embargo serían gestores honrados y eficaces a la hora de conducir una administración. Lamentablemente, nunca llegaríamos a descubrirlo, porque no ganarían en un proceso electoral. Este tipo de políticos, cojos de carisma, sólo llegan al poder de la mano de aquellos cabezas de lista que sí tienen el tirón necesario para batirse en la arena electoral.

Creo que éste es uno de los grandes handicaps de la democracia, que se elige a los presidentes, a los alcaldes, en función de una serie de valores, de aptitudes, que sólo les servirán para encumbrarse hasta el poder, pero que a nadie aseguran una buena gestión posterior, que es de lo que se trata al fin y al cabo. Este fenómeno, en su extremo más negativo, da lugar al populismo (nuestros ayuntamientos están llenos de claros ejemplos: alcaldes que amparados en su carisma y en la habilidad para la supervivencia política se perpetúan legislatura tras legislatura, a pesar de una gestión mediocre o directamente pésima).

En el otro extremo, podemos encontrar políticos que son hábiles comunicadores, que dominan la contienda electoral, y que una vez llegan al poder demuestran ser también impecables gestores. Animales políticos capaces de tocar todos los palos: duros escaladores en la montaña y finos velocistas en la contrarreloj. Por supuesto, son unos pocos elegidos. ¿Es Obama uno de ellos? Aún no podemos saberlo.

El primer presidente negro de los Estados Unidos ha hecho historia con su camino hasta la Casa Blanca, desvelándose como un comunicador arrollador, una persona de carisma inusitado y una ambición a la altura (recordemos que sin este gen, ningún político llega a las más altas instancia. Aquí no hay ningún Frodo al que se le entregue el anillo de poder, precisamente, porque es el único que no lo desea). Todo ello le ha permitido alcanzar su meta a pesar de defender un programa electoral excesivamente progresista para el paladar norteamericano; habrá que ver ahora su capacidad para ponerlo en práctica.

Que conste que no desconfío de las intenciones de Obama. Creo que muchas de sus políticas no son populares para parte de sus votantes, así que si fue capaz de defenderlas durante la campaña abiertamente es porque debe tener una visión en la que cree. Sin embargo, el presidente USA no es omnipotente, como se está viendo, y algunas de sus propuestas claves, como su plan para una sanidad "pública" (así, entre comillas) o el cierre de Guantánamo, están enfrentándose a enormes obstáculos puestos, en muchas ocasiones, desde el propio Partido Demócrata. Por tanto no es que desconfíe tanto de las buenas intenciones de Obama como de su capacidad para llevarlas a cabo.

La caída de la popularidad de Obama responde, ahora mismo, a la desilusión de parte de su electorado, que no supo distinguir el resplandor dorado de una campaña electoral del lodazal del día a día de la gestión política. Habrá que esperar a que termine su mandato para cotejar lo que prometió con lo que ha conseguido; sólo entonces veremos si Obama ha sabido ser (aunque sea mínimamente) tan buen gestor como candidato. Lo tiene ciertamente difícil, porque como presidenciable desarrolló una campaña para los anales de la política, que será difícilmente igualable por la realidad.